sábado, 24 de septiembre de 2016

Avira y el ratoncito




El ratoncito salía y se paseaba por casa. Comía lo que encontraba por el suelo y volvía a su agujerito de la pared.

Un día que Avira estaba leyendo en su sillón, vio algo moverse por el suelo… algo pequeño… “Uy, si parece una cucaracha, pero es muy grande para una cucaracha”… entonces fue cuando, espiando y en silencio, lo vio. Era un ratoncito gris, pequeñísimo, con los ojos muy grandes y de orejitas rosas. “¿Cómo se habrá colado un ratón en casa?”, pensaba Avira… y rastreando con la mirada al ratoncito, vio que se metía por un agujerito que había en la pared.

Pensó en ponerle veneno, pero la pena y la ternura se apodero de ella y lo descarto. Compro una jaulita pequeña, que poniéndole comida dentro  y con el peso del ratoncito, la puerta se bajaba y quedaba atrapado… pero el ratoncito pesaba tan poco, que se comía la comida y la puerta no se bajaba. Como no tenia queso, le ponía butifarra y el ratoncito se pegaba unos festines de aúpa.

Un día le dijo un amigo que, sobre un cartón pusiera pegamento de carpintero y en el centro un trocito de queso, que el ratoncito, al ir a atraparlo, se quedaría pegado y así lo podría cazar sin que sufriese daño alguno… pero Avira no podía ni dormir pensando que le haría daño en sus patitas al quedar pegado, que le tendría que recortar el cartón y que caminaría como con raquetas por la nieve… Avira no quería bajo ningún concepto hacer daño al ratoncito… y solo le dejaba comida en esa jaulita, sin éxito alguno.


Avira, volvía a casa del trabajo, cansada y pensando quitarse los zapatos y tirarse en el sofá para descansar un rato. Abre la puerta, deja el bolso, se quita los zapatos… y cuando entra a su saloncito, estaba el ratoncito, que ya era ratonzato, sentado en el sofá… ¡se había hecho del tamaño de una persona!... y le dijo… “hola Avira, te estaba esperando… ponme una tapita de butifarra y una cañita por favor… y siéntate aquí a mi lado que te voy a dar un masaje en los pies… y ya de paso me abres una cuenta en “feisbus”… y así seré un ratón feliz”.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Valle




A raíz de una catástrofe natural acontecida en mi poblado, me volví un poco majareta… me dio por hacer cosas mecánicamente. Yo pensaba que eso no podía ser muy bueno, como por ejemplo, comer dulces a destajo, subir las escaleras en vez de subir en ascensor… pero descubrí un juego online, que se llama vida en la granja, que me resulto bastante adictivo.

Tenía que plantar todo tipo de plantas, como tréboles, cebollas, pepinos… con esas plantas, alimentaba animalitos como vacas, cerdos, gallinas… con lo que me daban esos animalitos, tenía que hacer productos en maquinitas preciosas que tenía que comprar, pero no con dinero de verdad, si no con monedas que te daba el juego… y así sucesivamente. Cada semana ponían una misión, por ejemplo, sembrar cien cactus, hacer cincuenta quesos en la máquina de quesos y así hasta completarla, entonces el juego te regalaba una maquinita, un árbol o un animalito, que podías usar con otras misiones que ponían las siguientes semanas.

Yo salía del trabajo y me iba a casa corriendo a jugar con mi granja y a hacer todas esas cosas mecánicas… pues así, día tras día, porque tenias que entrar todos los días, semana tras semana, mes tras mes… y año tras año. Me quitaba muchísimo tiempo, pero me encantaba… mi hermana Diasera me decía que parecía trastornada con esa cosa ahí siempre, los pollos piando, las vacas mugiendo, las ranas croando… una locura.

El juego tenía un chat, en la misma página, pero fuera del juego, más abajo… y un día me dio por decir cositas y ayudar a la gente que no sabía jugar… y vi a Valle, una chica que también ayudaba a la gente… Con el paso del tiempo, fuimos hablando y cogiendo confianza, nos dimos el número de teléfono, ella leía mi blog… y me mandaba fotos de recetas espectaculares que cocinaba para su familia. Hablamos de muchas cosas, porque aun seguimos en contacto… pero deje de jugar, porque me di cuenta que era siempre lo mismo y ya no me entretenía, me estresaba un poco, era un poco esclavitud.

Hoy en día, he visto realmente, que esos juegos son para jugar un ratito cada cierto tiempo, pero no para lo que te exigía el juego, que era entrar todos los días y echarle muchas horas… mi hermana me decía que qué le saco a ese juego, sino, perder el tiempo… y la verdad, es que al juego le saque entretenimiento… pero ese juego me dio una de mis marvellous amigas que tengo… ¡es Valle!... ella es amigable, educada, tranquila, muy muy bondadosa… y eso es lo que saque del juego, una amiga espectacular de la que jamás quisiera perder el contacto.

¿Se le puede pedir más a un juego?... un gran abrazo amigaza Valle, gracias por ser como eres y por estar siempre ahí.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Cementery




Una de las de tantas veces que voy al cementerio a visitar la tumba de mis padres, se vino conmigo mi Diasera. Ese día no había casi nadie en el cementerio… pero nos gusta ir, aun estando vacio.

Entramos y le digo a mi hermana que me espere un segundo que voy al servicio que hay dentro del cementerio. Son unos servicios que están muy limpios, hay dos aseos y un lavabo fuera delante de las dos puertas donde se encuentran los inodoros. Al entrar, vi que una de las dos puertas se abría y se cerraba pero muy poco, pensé que era el aire, pero la ventana estaba cerrada y me entro el siroco-yuyu, así que, salí y le dije a mi hermana que entrase conmigo que me daba miedito. Ella entra y la puerta seguía cerrándose y abriéndose… nos quedamos las dos mirando a la puerta y de repente, asoma una niña la cabecita y vuelve a cerrar. “buf, que susto, solo era una niña”… entro a la otra puerta donde estaba el otro inodoro y cuando salgo estaba mi hermana esperándome. Ya no se oían ruidos y yo di por hecho que la niña ya se había ido. Fuera no había nadie. Nos vamos al nicho de mis papis a poner unas flores y después nos vamos a casa.

Ayer, fui con mi hermana a la playa, pero en plan… tomar el fresco, con nuestras tumbonas y la sombrilla, la verdad es que hacia un aire bastante agradable… y como me gusta más hablar con mi Diasera que comer con las manos, pues estuvimos todo el rato, bla, bla, bla, bla… y de repente le digo si vamos de regreso a casa, al cementerio, a llevar una florecilla y ella me dice que vale.

Llegamos a ese lugar y como de costumbre, estaba solitario, pero solitario de narices… no había un alma… (perdón). Llegamos al sitio donde están mis papis y me empieza a entrar un miedo que no sabía el motivo, pero a los dos minutos de estar allí le digo a mi Diasera que si nos íbamos ya… ella extrañada me dice que vale, pero que le gustaría pasar por las otras tumbas de otros familiares y yo le digo que no, que tengo miedo. El viento tampoco acompañaba a la visita, porque movía cosas y hacían ruido… y que no me encontraba segura. Al pasar por los aseos le pregunto si quiere entrar y me dice que no, que nos vayamos.


Cuando estamos en el coche, me dice… “¿Te acuerdas Coni que una vez vinimos y había una niña que movía la puerta?”… y yo le digo que sí, que porque me decía eso… y viene y me cuenta que cuando yo entré al otro servicio, mientras que estaba dentro, la puerta del otro se abrió de golpe y no había nadie dentro… a mí se me erizaron todos los pelos del cuerpo… y le pregunto que porque no me dijo nada y me contesta que porque no quería asustarme… yo ahora pienso que qué iba a hacer una niña pequeña sola en el servicio de un cementerio… y con quien iba si no había nadie en la puerta… y quien seria esa niña, no creo en esas cosas de fantasmas ni ella tampoco… entonces no lo pensé, pero en ese momento, arranque el coche y aun no hemos parado… vamos ya por Pontevedra.

martes, 13 de septiembre de 2016

El koala




Hoy he ido a visitar a mi hermana Diasera, que seguro que muchos de vosotros ya la conocéis por otros post.

Estábamos, mi hermana, mi sobrina y yo en el salón y mi hermana me dice… “Coni, vamos a la cocina y preparamos algo para picar”. Pues nos vamos las dos a la cocina y de repente, oímos como arañar el techo de la cocina, pero muy cerca y sabíamos que no podía ser de la vecina de arriba porque los arañazos eran como por dentro. Nos miramos las dos y ponemos atención… cuando de repente, por las rejillas de ventilación, vemos asomar algo oscuro. Nos ponemos las dos a gritar como posesas, mi hermana se agarra al marco de la puerta como si no hubiese mañana y yo agarrada a ella sin poder dejar de mirar lo que estaba saliendo de la rejilla de ventilación.

Mi hermana solo gritaba… “¡¡¡Esta saliendo algo de ahí, está saliendo algo de ahí!!!”… y yo con la histeria colectiva que eso conlleva, pues gritaba también… “¡¡¡ el qué, el qué!!!”. Mi sobrina que oye el trajín, entra corriendo preguntando que porque gritábamos tanto, pero mi hermana agarrada al marco de la puerta que parecía un koala, que no se soltaba y yo agarrada a ella como en la cola del metro… y mi sobrina nos grita a las dos y de repente nos callamos y señalamos a la rejilla, ella la mira y ve que es verdad, que está saliendo algo de la rejilla… y dice… “es una patica”… ¡madre mía! Nosotras que oímos eso de “patica”, mas gritábamos… “¡una patica ahhhh, una patica ahhhh, ¿de quién es?”… y mi sobrina ya mosqueada, nos vuelve a gritar y nos dice que dejemos ya de gritar y que la patica parece de algún animal… y mi hermana koala, vuelve a gritar… “¡un anima, un animal!”… y yo por histeria, a gritar también con ella, pero no queríamos irnos de la vista de la rejilla por si entraba lo que fuese.

Claro, como yo veo tantas pelis de miedo, de esas que no tienen explicación, yo me imaginaba al hombre lobo, a Drácula, a… ¡yo que sé!, guidada por los gritos de Diasera y alucinando y viendo un montón de monstruos de las pelis.


Entre grito y grito llega mi cuñado, mi sobrina intentando averiguar qué era eso y el koala y yo gritando sin parar… y “eso”, cada vez mas fuera. Mi cuñado pasamaico perdío de oír los gritos, entra corriendo y al ver por lo que gritábamos, coge un destornillador y quita la rejilla… y el koala y yo cada vez gritábamos mas fuerte… “¡no lo quites que se te tira a la cara!”, decía el koala… pues mi cuñado sin hacernos caso y sin mirarnos, quita los tornillos, la rejilla y era un murcielagáncano como un tricerrapvolador de tres metros… Diasera y yo ya estábamos en el portal cuando vimos eso aparecer… aun no hemos vuelvo.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Microfuturo




Viendo una peli de esas de miedo el otro día, de esas que me gustan… hice un viaje al futuro. Entré en la cocina y vi como el microondas me miraba y me hablaba. “Ven, acércate”, me decía… yo lo miraba muy seria porque no es normal que un microondas te hable, pero a su vez no me pareció tan raro, ¿Por qué no?, un microondas que habla… ¿y qué?, hay cosas mucho más raras, como por ejemplo… que… mmmm … que… eeehhhh, ¡una flor de pascua se llame Margarita!… ¿no?, pues eso.

Me acerque al micro y me dijo que si quería viajar al futuro, solo tenía que poner mi mano sobre el plato giratorio y darle al play. Yo así lo hice, eso se puso a dar vueltas y mi mano giraba y giraba y giraba… hasta que me absorbió el aparato y me vi dentro dando vueltas… hasta que perdí la conciencia.

Al cabo de, no sé cuánto tiempo, la maquina se para y salgo del micro como puedo. Me había llevado a 2152… ¡mae mia!... no había suelo en la cocina, solo cristal… donde se transparentaba el suelo del bosque y todos los aparatos electrodomésticos estaban a ras del suelo. ¿Qué coyons pasa aquí?, pensé… me pongo de pie “marea perdía” y comienzo a caminar. Salgo a un pasillo y veo a un humano reptando… hablaba, pero muy raro… solo me preguntaba… “¿Cómo lo has conseguido?”… y yo “¿el qué?”… y el humano otra vez la misma pregunta… era arrugado. Paso de él y me voy a la calle, que no había escalera, solo una especie de tobogán transparente también. Al llegar al suelo era casi todo selva… y al mirar hacia arriba me pareció espectacular… todo lleno de casas suspendidas en el aire, transparentes.


Me pongo a caminar por ese bosque y solo veía gente reptando, con su formica de humanos, pero arrastrándose. Me tire al suelo y me puse a hablar con una persona arrugadilla, los ojos casi cerradicos y la boca muy grande… “¿Por qué vais reptando?”… y esa personita me contesto con otra pregunta… “¿y tu como lo has conseguido?”… “¿pero el que?” preguntaba yo… y me contesta… “el ir de pie, erguida, sin tener que reptar”… yo le dije que venía del pasado, exactamente de 2016… entonces me contesto que claro, que en esa época todo el mundo iba de pie, porque aun la medicina no había avanzado y morían antes que la fuerza de la gravedad les hiciese besar el suelo… ese humano tenía 240 años.

jueves, 25 de agosto de 2016

Duerme si puedes




Ayer leí en la prensa digital que una cadena de televisión emitía un tráiler de una película de miedo y que varias madres se quejaban de que sus hijos estaban muy asustados y no podían dormir, que por favor, dejasen de emitir dicho anuncio.

Guiada por la curiosidad, busque el tráiler en internet y me lo “zampé” enteretico. ¡ay santa medusa, como se me ocurrió semejante cosa!.

Me acomodo en el sofá y me dispongo a verlo y como es un tráiler oficial, pues lo cuento porque no haré spoiler. Sale una escena donde una mujer enciende la luz de su habitación y se acuesta, o algo así, después apaga la luz y ve en la puerta una tía “descuajaringá”, enciende la luz de nuevo y no ve nada, apaga de nuevo y la tía otra vez pero un poco más cerca de ella, enciende y no ve nada, apaga y la tía que se le echa encima… ¡por todos los santos!, ¿pero esto que eeeeeeees? ¡Una tía más fea que unos zapatos con tirantes!... ¿pero como no les va a dar miedo a esas pobres criaturas?... ¡si yo me cague por la pata abajo!. Pues así todo el rato, apaga la luz, la tía, enciende la luz, nada, apaga, enciende, la tía, ni más ni menos, ni menos ni mas, mas por mas, mas, menos por mas menos, ni más ni menos, ni menos ni mas... (son los nervios). Y venga tía que se acerca en la oscuridad y venga tía que desaparece cuando hay luz.

Me acuesto a leer y me da sueño, pero un poco mosca cuando apago la luz. Miro hacia fuera y me veo un bulto en medio de la puerta… ¡coño!, enciendo corriendo y era el sofá, que está en el saloncito que está justo al salir de mi cuarto, apago otra vez y otra vez el bulto, que parecía el jorobado Cuasimodo… enciendo y desaparece y era otra vez el sofá… y yo pensando… a ver si no es el sofá y es la tía esa fea y cuando apago se pone ahí para que yo la vea… Vaya nochecita… lo más gracioso es que no tengo luz, que solo tengo una lamparita en la mesilla que para encenderla tengo que sacar medio cuerpo fuera de la cama.


No veo más tráiler de miedo ni nada de nada, que aun no se me ha ido de la mente aquellos cabezones que había en mi salón, que luego resulto ser un ramo de flores que le habían regalado a mi caracola… ¡Dulces sueños!... ¡ah! y nunca apagues la luz.

martes, 16 de agosto de 2016

Sirenitas




Buscando la manera este año de jugar con mis dos sirenitas, de jugar al escondite y de tomar un heladito en el kiosco… allá donde la arena se calienta y de noche se enfría.

Mis sirenitas, con el pelo lleno de perlas, con las caritas sonrosadas e iluminadas sus colitas… mis sirenitas… mirando al mar, jugando con las olas, vistiendo de espuma y arena, de sol y luna, de agua y coral… mis sirenitas.

Acostadas en la hierba… verde, luminosa, jugosa… mis sirenitas. Con sus vocecillas de muñeca y sus sonrisas de cristal.

Un escalón, dos escalones, tres escalones… bajan jugando a contar, mis sirenitas… con sus ojos de azabache, chuches, gominolas, pipas con sal, patatas fritas, cacahuetes y almendras… en un vasito de plástico… ñam ñam ñam. Debajo del parasol de palmera, frente a un mar bravo, juguetón, envolvente, cálido… castillos de arena y pies de piedrecitas… mis sirenitas.

Y se pasan los días, un dos, tres cuatro, cinco seis… por un puente pasa la corriente y una burbujita tocando la guitarra, rin ran rin ran… Si los buenos actuamos con las manos, con la boca, con los pies… boing boing. Tenemos una tía, una tía Mónica, que cuando va de compras le hacemos la, la, la… así le hace el sombrero, el sombrero le hace así.


Y le decimos, con los ojos entornados y exhaustas por el cansancio y el sueño, buenas noches lunita, hasta mañana sol, que descanséis estrellitas.

viernes, 12 de agosto de 2016

El retorno de los calamares




Este mediodía he hecho paella de marisco y como su propio nombre indica, pues lleva marisco… almejas, gambas, una rodaja de bonito, mejillones… y ¡cómo no!, los temidos y saltarines calamares.

Pongo el sofrito que lo hago con un pimiento rojo, dos tomates, cinco dientes de ajo… y lo dejo que se caramelice todo. Después pongo los calamares y los dejo que se tuesten bastante. Como pegan unos saltos, que parece que hayan currado en el circo del sol, pues los tapo un poco… pero ¡qué va!, eso pega unos botes que se llevan tapadera y todo.

Estoy con la ventana abierta porque hace mucho calor y veo a la vecina de enfrente, que su ventana de la cocina esta frente a la mía por el patio de luces, que esta fregando y haciendo cositas y como ya sabéis por otros post, es un poco rara y ni me mira, ni saluda, ni nada de nada. Ella a sus faenas y yo a los saltos de la rana, digo, de los calamares.

Cuando están ya que no pueden saltar mas porque hasta han cogido una pértiga, destapo la paellera para añadir las almejas… y cuando quito la tapa esa finita que no pesa nada y está llena de agujeros… ¡cataplom!, aprovechan la escotilla y me saltan encima de los brazos. Yo me los quito rápido y dejo los brazos bajo el agua para que no se me pongan rojos. Sigo echando almejas mientras que lucho contra ellos con la mano liada en un paño de cocina, en la otra la tapadera, que parezco el Cid Campeador con su lanza… y ellos salta que te salta y yo grita que te grita. Termino de echar las almejas y de bailarme una jota aragonesa, y los vuelvo a tapar y le pongo un ladrillo encima, dos pesas de cinco kilos y un piedrolo… “de ahí no os movéis”, les digo.


Me doy la vuelta hacia el fregador, que es desde donde veo a la vecina… y la veo con unos guantes puestos de látex, las manos quietas llenas de espuma y riéndose a carcajada limpia. Yo le digo tímidamente que ¡como saltan los calamares mientras se fríen!… ella para de reírse, me mira seria, asiente con la cabeza y cierra la ventana, como es su costumbre. Mientras tanto, los bichos luchan por quitar la tapa con todo el arsenal de cosas que les he puesto encima… pero esta vez no os vais a ir de fiesta… ni al microondas, ni al techo, ni al fregador… ¡ahí castigados!, esta vez… ¡no nos vais a dejar sin comer!.

sábado, 30 de julio de 2016

Tripofobia




Es una fobia que yo no sabía que existía hasta hace bien poco… ¡pero la sufro y de qué manera!.

Creo recordar que en otro post os conté que un día mi madre había hecho magdalenas. Por la tarde, me llama para merendar y me sienta en la mesa a su lado porque yo era muy pequeña. Me pone delante un vaso de leche con cacao y una magdalena de las que ella había hecho, (que ricas mami)… “se me ha tostado un poco de mas”, recuerdo que me dijiste… bebo un poco de leche y empiezo a pegarle bocados a la magdalena… y cuando iba por la mitad, que yo empezaba a comerla por la parte de arriba, la miro, y ahí estaban… esos agujeros oscuros hasta el papel, todos juntos, mirándome. Tire la magdalena y empecé a gritar. Mi madre no sabía porque gritaba, hasta que me zarandeo y pare de gritar y le dije… “es que los agujeros de la magdalena me estaban mirando, todos juntos”… ella no salía de su asombro, se pensaba que había perdido el norte.

A los dos o tres años, en el colegio nos mandaron hacer un cuadro. Consistía en meter arroz en agua y darle color a los granitos con anilinas, que es un colorante… y una vez seco, se hacía el cuadro y quedaba muy bonito la verdad. Yo como era una “estrucianta” pensé, que si yo hacia uno por mi cuenta y se lo enseñaba a la maestra, me pondrían muy buena nota, pero esta vez con garbanzos. Los metí en remojo con su correspondiente anilina, cada montoncito en un vaso con un color diferente, pero esta vez, no espere que se secaran porque yo soy así de impaciente. Los pego en la madera, húmedos, hago una casita y guardo el cuadro para cuando estuviese seco, llevárselo a la maestra. Recuerdo que lo puse en una buhardilla que teníamos que daba a la terraza. A los pocos días subo por él para ver si se había secado… y mis gritos se oían hasta en Pontevedra… ¡le habían salido a los garbanzos unas raíces, todas hacia fuera, mirándome!… mi madre subió corriendo y cuando vio el cuadro, me cogió la cabeza con sus manos y me la puso en su pecho mientras me decía… “no mires, no mires”… ella sabía que tenía esa fobia, solo que no sabíamos el nombre, pero a mí me daban mareos y angustia aquellas imágenes.

Mi madre siempre que había algo así, les decía a mis hermanos que no me lo enseñasen, que me daba “ereza ver muchas cosas juntas”, jajajaja, pobrecita, hasta en eso estaba pendiente.

Hace dos o tres años, busque esa fobia en internet… comencé por poner… “miedo a ver cositas juntas”… y me salieron las imágenes más atroces jamás vistas por mi… pero tapando las fotos con la mano, pude ver que esa fobia se llama ¡tripofobia!... que hasta el nombre es asqueroso.


No puedo buscaros una foto que haga alusión al tema, por lo que ya os he contado, pero os dejo una hecha con garbanzos muy bonita.

viernes, 22 de julio de 2016

Mercedes, el hada Escorpión

Gracias Jaime por la foto.


Pues estábamos ahí las dos, el hada Escorpión y yo, en el bautizo de Aurora, tan a gusto, con nuestro aperitivo y charlando tan tranquilamente… ¡cuando de repente!... un humo… todo el mundo tosiendo… una peste a “chumarrao”, las tres haditas que estaban bendiciendo a Aurora, se cayeron al suelo, la gente gritando… Y ahí estaba ella, no podía ser otra, la Malfeica esta, toda envidiosa porque a ella no la habían invitado y liándola parda, pero no la Maléfica esta de la película, no… la Malfeica autentica, la de toda la vida, esa de los cuervos, las uñas y los dedos largos y el mentón por los suelos…. ¡esa!... ¡ah! y los cuernos más negros que los c… de un grillo.

El hada Escorpión y yo, nos escondimos debajo de la mesa de los presentes (regalos), pero antes eran presentes, porque Mercedes, el hada Escorpión y yo, tenemos más de trescientos años cada una… bueno ella es más joven que yo lo menos ciento y pico de años, pero un pico muy grande. El caso es, que la Malfeica ahí con la rayadera, toda ella… porque la Malfeica es murciana cerrá, cerrá, cerrá… y diciendo… “como no me vais invitao al bautizo de la Aurora, los voy a echar un mardojo (mal de ojo),  que los vais a enterar… ¡tajo de sarmaos!, ¡chungos, mas que chungos!”… y el hada Escorpión y yo… pasmaicas perdias, mirándonos de reojo, con las bocas abiertas como el Sebastián de la sirenita… y diciendo… “uhhhhhh, ¿que le ha pasado a esta ahora?... y la Malfeica sin parar de rajar… “¡Acho!, es que me tenéis desplaza, pijo… me tenéis desplazaica perdia”… y todo el palacio en silencio… y ella raja que te raja… “pos ná mas que por eso, los vais a enterar”… y puso el palo ese que lleva ella con la bola en la punta, lo puso apuntando a los invitados… y un humo verdeeee, una peste a… ¡yo que sé!... y empezó a decir… “zumba que zumba que zumbale, toca la guitarra que yo cantare”… y estalló todo en mil pedazos… eso pego un “zumbio” que nos mando a todos mas allá de donde pico el pavo… Y aquello quedo así, yo estuve sin ver a Mercedes, el hada Escorpión, yo no sé los años, pero muchos, muchos, muchos.

Mercedes y yo estábamos muy unidas, éramos como almas gemelas, nos hacían gracia las mismas cosas, nos dolían las mismas cosas, solo con mirarnos ya sabíamos lo que pensábamos de las situaciones que se suscitaban… en fin, y es que, claro, dos hadas son dos hadas.

Con el paso de los años y el maleficio de Malfeica, pues todos los miembros del palacio perdimos en contacto… no podemos vernos aunque queramos… el maleficio aun continua, no se por cuánto tiempo… pero claro, al maleficio de una bruja, es difícil que lo desate un hada, ni dos, ni tres.

Hace muy poco, estaba yo en una terracita tomando una humeante poción… cuando de repente, en la silla de al lado en mi misma mesa, se hace un humo color violeta. Mi pulso se acelero de alegría, mi boca llego hasta mis orejas y el latido de mi corazón ensordeció a todos los que estaban allí… ¡¡¡era el hada Escorpión!!! Había venido a verme de incognito!!!... ¡como “pa” no verla! ¡¡¡con el humillo que desprenden sus apariciones!!!. Me levante rápido de la silla y nos dimos un abrazo de órdago. Después de casi 100 años sin vernos… era como si no hubiese pasado el tiempo, nos sentamos y nos pusimos a hablar sin parar, de lo de siempre, de las cosas que nos gustan, reír, emocionarnos, recordar, limón, naranja, azul, pipas, huevas, arroz y conejo, alirón alirón, café, cerveza… su mirada es la misma, su tipazo pivón es el mismo, su bondad es la misma… y es que las hadas no envejecen nunca… y es que el hada Escorpión es única. Y vosotros, mis queridos lectores pensareis… “esta Coni, como le gusta metaforearlo todo… pero si supieseis que esta historia es real como la vida misma. ¡¡¡Tal cual!!!.


A la luz de la preciosa luna, de la luna de Jaime, te recuerdo con taaaaaaaaaaaanto cariño, que a veces pienso… ¡No hay mal que cien años dure!... Algún día iré a tu Torre, Mercedes, hada Escorpión.

sábado, 18 de junio de 2016

Lobo




Ayer por la tarde me encontré con Lobo en youtube. Cuando le di al play y comenzó a cantar casi me quedo a cuadros y con los dedos de los pies abiertos de la cantidad de recuerdos que reviví en ese instante… pero además, ¡recuerdos cercanísimos!, como si hubiese sucedido ayer… “I’d love you want me”… y esa otra de Browne… “stay”… ¡Dios!... ¡qué pasada!. Fue como si en ese momento, estuviera pasando todo lo que pasaba en aquel entonces… como si solo hubiesen pasado unas horas… como cuando me iba a casa por la noche después de unos bailes y me ponía a estudiar... con aquella sensación de haber tocado sus manos, el roce de su cara, de su cintura al bailar “lento”, como lo llamábamos en aquella época.

Cuando salía del instituto, solíamos ir mi amiga Fina y yo al “Zeus”, hoy lo llamarían “disco pub”, pero antes era la discoteca. Nos tomábamos una cola y después nos íbamos a estudiar. Nos sentábamos. Recuerdo que la entrada valía cinco duros… y con consumición… y hablábamos sin parar sin quitar la mirada de la puerta… esperando que entrasen los chicos que nos gustaban… uno a cada una, claro… y cuando entraban, nuestros corazones se ponían al galope más feroz. Nos atusábamos el pelo y nos hacíamos las interesantes… y ya, les dejábamos a ellos el trabajo… antes era así, ahora lo veo impensable el esperar que un humano xy te pida baile.

Se acerca, dum, dum, dum… y sonaba la canción esa de Lobo, “I’d love you want me”, que por aquel entonces era lo más de lo más… romántica, bella, arrulladora… y enamoradora. “¿bailas?”… y esa palabra, en boca del chico que te gustaba, sonaba a clarines tocados por ángeles… “claro”… entonces comenzaba el ritual… (se me corta la respiración de acordarme)… Paco, se llamaba… y se sigue llamando.

Él te rodeaba la cintura con sus brazos y tu ponías las dos manos sobre sus hombros… y el dum, dum, dum… cada vez mas fuerte… “ojala me pida salir con él en este momento”… pensaba… y el latido, cada vez más fuerte. Entonces, dejábamos un espacio entre cuerpo y cuerpo, que cabía un tren por en medio… pero ese día, me acercaba poco a poco hacia él… mientras dábamos vueltas lentamente, un pie, otro pie, y el pie y el otro pie… y así nos pasábamos el rato hasta que ponían “rápido”, que era música para bailar individual y haciendo el tonto todo lo que podíamos y más.

Cuando su cuerpo estaba pegado al mío… me cogía las manos, que las tenia apoyadas en sus hombros, y me las rodeaba a su cuello… ¡eso ya era el disloque!... entonces, pegaba su cara a la mía, con una mano en mi cintura… y con la otra me tocaba el pelo… ¡yo pensaba que me iba a desmayar en aquel instante!... y Lobo, dale que te pego con su canción y él cada vez más cerca… notaba su respiración en mi oído… oreja… audio… ¡jolin!, ¡no encuentro la palabra romántica para ese momento!... bueno, pues notaba su respiración y eso era ya el disloque.

No mediábamos palabra alguna, eso sobraba… ¿Qué íbamos a decir?, a mi no me salía la voz del cuerpo… bajaba su mano de mi pelo y me acariciaba el brazo… yo ya me derretía viva. Me aparta mi cara de la suya, cogiéndome la barbilla… y se me quedaba mirando… “no iras a besarme en público”, pensaba yo en esos momentos… pero no, solo quería mirarme… y ahí ya me ganaba, me derrotaba. La mirada de la persona que te gusta, es lo más significativo, eso lo dice todo… entonces él, suspiraba profundo, me cogía por detrás de la nuca suavemente y volvía a pegar su cara con la mía… y así día tras día, clases tras clases, cola tras cola, Fina tras Fina… hasta que un día se hizo el milagro y me lo soltó… “¿quieres salir conmigo?”… y aquellas palabras, entonces, significaban muchísimo… “sí”… rotundo. Hoy en día, si estas bailando y te preguntan eso, seguro que diríamos… “¡acho, pos salgamos a echar un cigarrico a la calle!”.


Gracias Lobo por aquella canción que ha dejado tantas cosas bellas en mi recuerdo… y como decía mi amiga, “¡que me quiten lo bailao!”.

miércoles, 15 de junio de 2016

El hombre




En mi casa, que no es mía, hay dos sofás como en todas las casas, supongo… uno mirando hacia la tele y otro haciendo una “L” con el que está mirando hacia la tele. La otra tarde, fin de semana, me quede dormida… tanto, que se me hizo de noche. Me incorporo, no se veía nada… solo la tenue luz de la pantalla del portátil. Miro hacia el otro sofá y había un señor acostado… no se movía, mirada perdida, cara blanquinosa, manos como de madera… me siento y él se sienta, me quedo mirándolo y él me mira… pero no me ve, solo mueve la cabeza ligeramente hacia mí.

Me asusto y él se asusta. No me atrevo a moverme del sofá de donde estoy sentada y el tampoco. Hago como que voy a levantarme y él también, me siento rápido y él también… mi corazón se acelera y puedo escuchar el suyo también. “¿Qué coyons está pasando?”… me pregunto a la misma vez que el pone cara de interrogación. Es muy desagradable. No lo puedo soportar. Digo “hola”… y el dice “hola”, pero con una voz como de tambor… no sé explicarlo… desagradable.

Me decido a levantarme del sofá y el también se levanta. Me quedo de medio lado hacia él… pero él no se mueve. Doy un paso hacia adelante y él también lo da. Hay olor a pasteles de fresas, como a batidos… Camino hacia el pasillo y veo con el rabillo del ojo que se viene detrás de mí y como yo voy muy despacio, él también va muy despacio. Me vuelvo rápido e intento asustarlo, gritando, a ver qué pasa… y él se vuelve, gritando con esa voz de tambor… me asusta él.

Me voy al rellano e intento llamar al timbre de la vecina, pero él me agarra la mano muy fuerte y me mira fijamente mientras dice “no” con la cabeza… lentamente… yo ya no se qué hacer. Tira de mi mano hacia dentro de casa, yo no puedo parar de mirarle… me mete en casa y cierra la puerta. Me acuesta en el sofá… es guapo, muy guapo, ¡¡¡guapísimo!!!... me besa suavemente en la cara… y me despierto, esta vez de verdad.

He dormido tanto que se me ha hecho de noche. Solo me alumbra la pantalla del ordenador. Es fin de semana… miro tímidamente al otro sofá… y veo una figura. Es mi Caracola, que también duerme. Me voy a la cocina y bebo agua.

miércoles, 8 de junio de 2016

Actriz

by Syaoran-Li


Vamos a remontarnos a épocas de la niñez. Vamos a recordar a nuestras madres en situaciones en las que eran ¡verdaderas actrices!. La mía cuando me mandaba a la tienda o a llevarle o traerle algo de casa de alguna amiga suya… parecía el hombre ese de barba blanca y larga de la película “El señor de los anillos”, la cual he empezado a ver, como cuatro veces, pero me duermo en esa escena… y mira que mi interés es grande, más que nada, porque me han dicho que la vea que es muy bonita… pero no hay manera.

Mi madre decía… así con la voz de ese hombre… que creo que su nombre es Gandalf… “Coni, vete a casa de María Ascensión del Calvario, (antes había esos nombres) y dile que te de los hilos de nylon que le preste que me hacen falta, pero ten cuidado cuando cruces la carretera, que los coches ya corren a mas de 20 km./h, y cuando la atravieses, pasaras por la casa de Antoñita la del pan… tiene dos perros que ladran mucho… no te asustes. Cuando vuelvas, mete los hilos en tus bolsillos y ten cuidado si saltas o corres, que no se te caigan”. Pues yo, como era muy obediente, corría que me daba con los talones en el culo, a por el anillo… digo, a por los hilos de nylon… intentando salvar todos esos peligrosos obstáculos de los que mi madre me había advertido.

Otra veces mi madre convertía cualquier situación familiar en un musical. Recuerdo que yo me acostaba en el sofá y me daba frio y le decía a mi madre… “mami tápame que tengo frio” y mi madre venia a taparme con una mantita de cuadros y cantando eso que cantaba Sara Montiel… “tápame, tápame, tápame que tengo frioooo, como quieres que te tapeeee”… y me ponía la manta por encima… y seguía cantando y cantando, mirándome como si quisiera que yo entendiese las letras de las canciones, gesticulando y todo… ¡grande mami!.

Otras veces mi madre se convertía en Bruce Lee. Yo como era muy trasto y traviesa, pues mi madre me perseguía con la zapatilla en mano (nunca consiguió pillarme) cuan nunchakus. Me metía debajo de la mesa y mi madre, zapatilla en mano, se agachaba y metía la zapatilla intentando alcanzarme… ¡oye, que se oía el sonido de los nunchakus y todo!... yo salía de debajo de la mesa, y saltaba y ella…. “ziuuuuuu, chu, chu, chu, ziuuuuuu”, pero nada, la pobre no tenia suerte… pero ejercicio hacía… era ¡mother Lee!.


Otras se convertía en una “masterchef” de estos programas que hay hoy en día. “Coni, ven que te voy a enseñar a hacer caramelos de azúcar”, me decía. Se ponía un delantal y a mí me rodeaba a la cintura un paño de cocina… “Empezamos”, decía… “cogemos un cazo, lo secamos bien, y con mucho cuidado, encendemos el fuego. Luego ponemos azúcar en el cazo, como un vasito, y le damos vueltas a fuego muy lento hasta que el azúcar se hace liquida. Luego la ponemos en montoncitos en un plato… le ponemos una avellana a cada uno, y cuando se enfría, tenemos unos deliciosos caramelos”… y así, se convertía en una “masterchef” que no tenía nada que envidiarle a las de la tele… pero yo solo deseaba que se enfriasen pronto para comérmelos J.

Y así, día a día, nuestras madres hacían de nuestras vidas, verdaderas películas, amenas, felices, alegres, divertidas… siendo las mejores actrices del mundo... La mia era Mamilina Jolie.


viernes, 3 de junio de 2016

Pulse uno




El otro día llamé a mi compañía de teléfonos para revisar una factura con la que no estaba muy conforme. De entrada, se pone un contestador automático. “buenos días, si desea información sobre promociones, pulse uno. Si desea información sobre averías, pulse dos. Si desea información sobre nuestros productos, pulse tres. Si desea… “ A las dos horas y cuarto… “si desea la receta del ornitorrinco con pasas, pulse dos mil trescientos cincuenta. Si desea saber cómo limpiar un rape, pulse dos mil trescientos cincuenta y uno”… y al número cuatro mil ochocientos noventa y nueve, me preguntó… “Si desea información sobre su factura, pulse cuatro mil ochocientos noventa y nueve”, bien, bien, bien, hasta ahí bien… pulso dicho numero y me salta otra vez la maquinanca… “todas nuestras líneas están ocupadas, le atenderemos pasados dos o tres años.... o más, por favor, espere”… y la misma música todo el rato.

Espera que te espera… ¡esperando voy!, esperando vengo vengo, por el camiiiiino, yo me entretengo… mientras, me ducho a ver si me da tiempo. ¡Claro que me dio tiempo!... y me sobró y mucho. Entonces, se pone la operadora pero la de verdad… “Buenos días, le atiende Nicodema, ¿en qué puedo ayudarle?... yo le iba a decir que me podía ayudar a recordar para qué había llamado, porque ya no lo recordaba… entonces le digo que tengo una pequeña duda con mi factura, que me habían cobrado un dinero que se pasaba de mi tarifa plana… le doy datos, ella me contesta que sí, que me habían cobrado lo que yo ya sabía y le había dicho… y yo le pido por favor, que me explique el desglose de la factura… y ella va y me vuelve a decir que me habían cobrado la cantidad esa… ¡otra vez!... y así un buen rato. Mi corazón late que te late y ya no sabía qué hacer… entonces va y se cuelga la llamada. ¡noooooo, no puede ser verdad!... ¡me niego a llamar otra vez!, pero no me quedaba más remedio.


Riiiiiiiin, riiiiiiin, riiiiiiiiin… y vuelta a empezar. Buenas noches, porque ya era por la noche, si desea… etc, etc, etc… yo puse el manos libres, me hice la cena, cené, me volví a duchar, me puse el pijama, me vi mi programa favorito… y cuando ya estaba bostezando… que la operadora iba por el numero cuatro mil ochocientos noventa y nueve, oí eso de… “si desea información sobre su factura, pulse… zzzZZzzzzz…ZZZZzzzzzz….zzZZZzzzZzZZZZZ.

martes, 31 de mayo de 2016

Cristalda




Su nave aterrizo en un desierto. Era preciosa… era como los humanos, pero su piel no era de piel, ni su cabello era cabello. Estaba compuesta por materia desconocida para los terrícolas.

Se trasladaba de un sitio a otro de tal manera, que no la veías… no la notabas… y no la sentías. Vino a parar a una ciudad muy ciudad, una ciudad muy moderna, una ciudad muy ruidosa… con muchas luces, muchos rascacielos, muchos parques… Cristalda había hecho su viaje a este planeta para recoger unas muestras de pelo, con el solo inconveniente, que en el suyo, el solo roce con uno de ellos (pelos), les causaba la muerte.

Tenían dos leones y una cebra en Tiriton, (así se llamaba su planeta), que habían abducido una vez que vinieron a husmear, con el fatal desenlace, que quienes los investigaron, murieron al contacto con el pelo… pero para acabar su estudio científico, necesitaban pelo humano… para ver si en un futuro, podrían convivir Tiritones y terrícolas juntos.

Cristalda caminaba pensativa, lentamente por la acera de una gran avenida. Vio un puesto de perritos calientes y se vio obligada a acercarse atraída por el olor. Miro al vendedor de perritos y este la miro a ella. Él fue a darle la mano, pero Cristalda la retiro rápidamente, aun llevando el traje de silicona reforzada, que la cubría entera, como una campana invisible, por miedo al contacto con algún pelo… tenia verdadero pánico al contacto con el pelo humano.

Siguió caminando y se sentó en un banco donde había un chico… el chico lloraba y ella le pregunto si estaba bien. El chico le conto que había roto con su novia… pero al levantar la mirada para darle las gracias… quedo maravillado de la cara de Cristalda. En su rostro se dibujo una sonrisa que jamás había esbozado y sus ojos se iluminaron de tal modo, que parecían dos estrellas en medio de la noche oscura… a ella le paso lo mismo, de tal manera, que sintió la necesidad de darle un beso… es lo que aquí llamamos, flechazo.

Cristalda y el chico salieron juntos más de un mes… ella se lo conto todo y él lo comprendió. No tenían contacto carnal, puesto que ella corría mucho peligro, pero si se amaban como jamás nadie amo. De su planeta se ponían en contacto con ella todos los días para ver si ya había conseguido el pelo humano, pero ella, debido al miedo terrorífico que sentía, les decía que no, que aun no sabía cómo reaccionaría su campana protectora en la tierra al entrar en contacto con el pelo… ¡excusas!, estaba enamorada hasta las trancas y no quería volver. Su novio, que así lo llamaba ella ya, la cuidaba y protegía tanto, que fue capaz de convivir con ella sin rozarla, sin tocarla, amándola extrem deluxe… y ella le estaba eternamente agradecida.

Cuando hicieron un año juntos, él la invito al mejor restaurante de la ciudad y Cristalda se puso sus mejores galas, con un poco de dificultad, al tener que adaptar la silicona protectora a un vestido precioso que él le había regalado… estaban muy enamorados.


En el restaurante, justo después del primer plato, Cristalda murió. Cuando le hicieron la autopsia, solo había en su estomago una sopa de fideos… y un pelo.

domingo, 29 de mayo de 2016

Veo, veo

Gracias Jaime por la foto


Domingo por la tarde, me pongo una peli de esas del youtube de clase B, que son las que me gustan para dormitar un rato. Mi caracola ha quedado para ir a dar un paseo. Sigo viendo la peli, es de extraterrestres, pero muy chungos. El niño que los ve por la noche, les llama el hombre de arena, yo como soy miedosica, pues me meto tanto en la peli, que me lo creo y todo.

Anochece, me voy a la cocina y pongo en el microondas una bolsita de patatas crudas, pero que las dejas ocho minutos y se cuecen… estoy mosqui por la peli, al final se llevan al hermano mayor, Dios sabe dónde, los extraterrestres y los demás se salvan. Obsesión. Estoy en la cocina con el microondas a tope y las patatas dentro dando vueltas. Yo miro hacia todos lados, por eso de que acabo de ver la peli y tal… me entretengo con una naranja que he visto un poco pocha en el frutero y ¡zas!, la bolsa de las patatas del micro, revienta haciendo un estruendo que del susto casi me caigo de culo. Saco las patatas del micro, las pongo en un plato y salgo a cenar.


Ceno. Ha anochecido… y yo aun con el recuerdo de la peli en “to lo alto”… voy a la cocina, enciendo todas las luces y dejo el plato en el fregador. Vuelvo al sofá y me “repanchigo”. Busco en internet algo entretenido a ver si se me va el puto extraterrestre de la cabeza. Las luces están apagadas y solo me alumbra la luz de la pantalla. Oigo un ruido en el rellano y levanto la cabeza del sofá… y veo encima de la mesa del comedor un cabezón, redondo, un poco deforme. Me asusto mogollón y no me atrevo a moverme… “¿Qué coyons es esa mierda?”… voy agachada hacia el interruptor de la luz no sea que me salte esa cosa encima y me rompa una costilla… el corazón late… dum dum dum dum… rápido, rápido, rápido. Enciendo la luz todo lo rápido que puedo, sin quitar la vista del cabezón y era lo que tenía que ser… Ayer fue el cumpleaños de mi caracola y le enviaron un ramo de flores, pero un ramo no, lo siguiente, ¡un ramancano!... y lo puso encima de la mesa del comedor… ahí, “to bonico”… unas flores preciosas, de todos los colores… No vuelvo a ver más pelis de miedo.

sábado, 21 de mayo de 2016

Voz de mosca

Gracias a Jaime por la foto.


Tiene coraza de armadillo, coletas de niña y su voz es un susurro. Siempre lleva una mochila llena de cositas, cositas de colores… azules, rojas, verdes… pipas, caramelos, galletas… amigos, amigas, hormigas… zapatos, planex, glamur… lleva de todo en esa mochila y lo que más le gusta es compartirlo… “toma, un azul y para ti un chicle”… “yo quiero una carcajada”… “pues toma, una carcajada”. Voz de mosca es única.

Su gran amiga es una rata a la que lleva todo el día en la mano, la ducha muy de vez en cuando, tanto, que la rata es blanca y se vuelve negruzca… pero ella es feliz con su rata, porque su rata abre ese sitio cloacoso donde se vierten desechos orgánicos… y eso le gusta mucho a su rata.

Voz de mosca es una especie humana diferente… y cuando te pide un abrazo o un beso, es como si otro ser humano te pidiese un trozo de pan o una porción de aire… tiene esa necesidad imperiosa de besos y abrazos… y hoy en día, nadie da besos ni abrazos así por las buenas… a mi me encanta cuando me pide un beso, porque es sorprendente… yo soy mucho de besar y abrazar… pero necesito necesitar eso… tan rara vez sucede… es imprescindible que la gente se bese y se abrace… pelusas calientes. Ojala hubiese una tienda donde vendiesen pelusas calientes… abracitos y besitos acompañadores, reconfortantes, insolitarios, llenosos de amor limpio… pues voz de mosca tiene pelusas calientes… y cuando te pide o te da una, te sientes acompañada, insola, contenta.

Voz de mosca no habla, susurra. “Zzzz sssss zzzz”… y al rato te das cuenta que se quiere comunicar contigo… “es que no te oigo, carajo”… y voz de mosca se pone en tu oreja como el pepito grillo… y te dice las cositas… Ahora la voz de la conciencia no será pepito grillo, sino, ¡voz de mosca!... porque además, es muy sensata, madura y buenaconsejeadora.


Voz de mosca esta siempre acompañada, pero es una mosca solitaria… pensativa… y su sonrisa es tan grande que te traga, te engulle, te hipnotiza… voz de mosca es así… y vive dentro de una amapola. 

domingo, 15 de mayo de 2016

Desde la ventana

gracias Jaime por la foto


Purpuras y añiles… que bonita se ve la vida desde la ventana. Rojos que se mezclan con el color del liquido que nos da la vida… Amanecer o atardecer… sol bajito, acariciador, confortador, bienestador.

Purpuras en la calle desde la ventana. Sacas la mano y acaricias los colores, aterciopelados… vehículos estaticos, alineados… dibujando perspectivas. Vuela el ave y siento la brisa que sus alas despiden… y el sonido que abraza mis oídos… suave, lento, soporífero.

Desde la ventana veo y no veo, oigo y no oigo, siento y no siento… solo la ventana… que me presenta ese espectáculo grandioso. No pises la calle aun, no vayas a romper la pompa de jabón… transparente, envolvente, musical… clic, clic, clic.


Farolas pestañeando, ¿se desperezan o adormecen?, ¿se levantan o se acuestan?... da igual, su luz es lo que importa… Vuela el murciélago camino de su guarida… y ese vampiro que se tapa la cara con su capa, negra por fuera, roja por dentro… acecha, observa… para tragar todo el color rojo posible… deja la ventana abierta.

viernes, 13 de mayo de 2016

Tiempo, tiempo, tiempo




Las personas que trabajamos, no tenemos tiempo de nada, tenemos que hacer malabares para gestionar el tiempo y que sea efectivo.

El otro día me mire al espejo y me asuste… y dije…”¡joder! ¿Quién es esa?”… y resulta que era yo, pero como no tengo tiempo ni para mirarme, pues ni me reconocía… y si me pongo las gafas ya ni te cuento… me las puse para verme de cerca y ya sí que no sabía quién era, ¡madre mía!.

Los viernes, salgo del curro en verano a las tres de la tarde. Me voy al súper, porque el sábado quiero hacer una paellita de marisco y tengo que aprovechar el tiempo. Hago la compra y me voy a casa, dejo las bolsas en la cocina y me hago un bocata, la hora que es, no me permite otra cosa. Me voy a la cocina, limpio el marisco (calamares y almejas… poco mas)… y pongo un sofrito de pimiento rojo, ajos, tomate y aceite. Cuando está a medio freír, le añado los calamares a trozos y lo tapo. Me voy a cambiar las sabanas y vuelvo a la cocina. Veo que se está cociendo y no me mola, así que, lo destapo y me voy a la ducha rápida.

Me estoy duchando y oigo un ruido como si estuviese en las fallas de Valencia, no he estado nunca, pero me lo imagino… “¡pa! ¡pa! ¡pum!”… “¿Qué coyons es eso?” me pregunto… me doy prisa en la ducha, salgo con la toalla a medio poner… y ¿qué me encuentro?... ¡la sartén vacía!... ¡estaba la sartén vacía!... habían saltado todos los calamares y se habían pegado en el techo, pared y suelo… dentro del fregador había un trozo y encima del microondas… ¡ay santa medusa!... el tomate y el pimiento por ahí de camping… y un humillo en la sartén… ¡no me lo puedo creer!, ¡si es que la tenía que haber dejado tapada!... parecía que me había peleado con un zombi de esos de los walking dead… y es que, mis queridos lectores… ¡no se puede hacer un tetris con el tiempo!.


Lo peor de todo, fue que me había retrasado en mis quehaceres y tuve que volver al súper a por mas calamares… y vuelta a empezar, límpialos, trocéalos, pela tomates, parte el pimiento rojo… pero yo, ahí, al pie del cañón dándoles vueltas, con la rasera en alto y diciéndole a los calamares… ¡si te mueves no sé lo que te hago!.

jueves, 12 de mayo de 2016

La tela verde




¡Ay!... que disgusto tengo. Resulta que a mí me gusta mucho ir al cine, aunque no puedo ir muy a menudo, solo una o dos veces al año… pero hay películas que merece la pena verlas en la gran pantalla… ahí, toda grandota, con ese sonido… y si es en 3D ya ni te cuento.

Pues esa película que está ahora de estreno… el Moogli, o el libro de la selva, se la ve preciosa, con esos paisajes, esos bichos preciosos y brillantes, ese Moogli dando botes por toda la selva, por todos los arboles… ¡pues no!, el solo esta “quietecico” en un rincón y lo demás lo hace… ¡la tela verde!. Mira, tu coges una tela verde, la pones en la pared y te pones tu remando en una silla, después te vas a tu ordenador, te pones lo que has grabado, con un programa que edite videos, y donde está la tela verde, superpones por ejemplo… ¡Venecia!... y luego lo pones… ¡y que estas en Venecia!... pues eso pasa con el Moogli, que no estaba en la selva, ni había animales, ni ramas, ni lianas… ni “ná de ná”… que decepción.

Y digo yo… ¿para qué quieres comprarte una casaza mansionera, si te pones la tela verde en tu piso de 40 metros cuadrados y ya estás en una mansión… ¿para qué? Si lo que mola es fardar con tus amigos, te pones la tela, te haces unas cuantas fotos y ¡ale! para el facebook.


Y es que esto de la tela verde es un timo, pero timo timo timo timo… que yo recuerdo los que hicieron esa peli de la guerra de las galaxias, en una entrevista, que decían que no molaba nada hacer pelis con la tela verde, que eso no era ser actor ni nada de nada… en fin… corramos un tupido telo verde… y aquí no ha pasado nada… y si te he visto, no me acuerdo.